Capacidad de autorregulación de un ecosistema

¿En qué consiste la capacidad de autorregulación de un ecosistema?

Los ecosistemas se encuentran caracterizados por poseer en su interior una red sumamente compleja de relaciones entre organismos individuales, donde como ya dijimos el aprovechamiento de la energía así como las constantes respuestas de retroalimentación pueden tener repercusiones en varios niveles del mismo. Por eso es importante tener siempre presente el concepto de autorregulación: la autorregulación es definida como el conjunto de mecanismos intrínsecos del ecosistema que lo regulan y a su vez le ofrecen equilibrio.

Ahora bien, para comprender los mecanismos de autorregulación se debe concebir al ecosistema como si se tratase de una combinación de homeostatos que se regulan unos a otros, donde el conjunto (el volumen total de organismos) mantiene una serie de características iguales las cuales pueden llegar a regularse.

Los instrumentos de regulación dentro del ecosistema suelen ser numerosos. Por ejemplo, cuando los organismos tienen disponibilidad abundante de fuentes de alimentación, pueden crecer de manera normal mientras éste se distribuye libremente. En otras palabras, cuando una especie determinada que a su vez es alimento de otra, incrementa el número de su población. La población de la especie depredadora también se incrementa, hasta que la primera disminuye a su estado original. Este fenómeno suele ocurrir en lapsos constantes de tiempo.

Por otro lado, cabe mencionar que mientras más número de especies albergue un ecosistema se registraran menos fluctuaciones energéticas. Esto se debe a que al existir mayor número de organismos, por ende se da un mejor aprovechamiento de lo ingerido y por tanto menos desperdicio energético.

Por otra parte los estudiosos del medio ambiente han llegado a la concepción de que un ecosistema que ha pasado por un largo período de evolución, puede llegar a alcanzar un estado estable, en donde los agentes externos puedan ser estabilizados y controlados. En estos ecosistemas “maduros” la producción y el consumo de cada elemento son iguales.

Otras herramientas fundamentales para comprender la capacidad de regulación del ecosistema son los conceptos de resiliencia y de estabilidad el primero se refiere a la velocidad que tarda una comunidad en recuperar su estado original, luego de haber sufrido un disturbio.

En tanto que el segundo determina si las especies permanecen en un número constante y mide la capacidad del sistema por mantenerse o en su caso regresar a su estado original luego de un acontecimiento extremo.

Algunos autores sostienen que una alteración de una especie dentro de un ecosistema simple, tendrá una repercusión inmediata, mientras que si esa alteración ocurre en un ecosistema complejo la afectación podría amortiguarse.

Es importante hacer notar que además de todos los factores antes mencionados, los ecosistemas también se modifican gracias a los cambios producidos en el medio ambiente (ya sean causados por un medio natural o inducidos por el ser humano).

Por esta razón, dependiendo de la magnitud, así como de la naturaleza de estos cambios la resiliencia deberá ajustarse a éstos. No obstante en varias ocasiones las alteraciones llegan a ser tan graves que el ecosistema es totalmente incapaz de regenerar su estructura interna y su funcionamiento primario.

Por ejemplo, tenemos el caso de la tala indiscriminada que sufre el bosque tropical para fines industriales o agrícolas. Este fenómeno ha ocasionado la aparición de erosión en gran parte de su territorio.

Otro caso similar que puede ser visto en las grandes ciudades son los cielos contaminados a causa de los altos niveles de hidrocarburos, metales pesados y otras sustancias altamente tóxicas. Las cuales sin lugar a dudas, generan cambios a largo plazo en las ciudades. Dichas alteraciones en el equilibrio de los ecosistemas pueden incluir: cambios sustanciales en la estructura ecológica primaria de los ecosistemas, reducción de la diversidad de especies, agotamiento de la productividad y hasta la anulación del flujo energético.

Lamentablemente, la gran mayoría de estos efectos no pueden ser asimilados por el medio ambiente que nos rodea. Por ese motivo se presenta la degradación y en casos extremos la destrucción de varios ecosistemas vitales para el desarrollo, evolución y sustentabilidad de la vida en nuestro planeta.

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